ÉRASE DOS VECES

Pablo y Belén tuvieron hijos, y de repente, se dieron cuenta de muchas cosas que hasta entonces, no habían pensado:

Cuando fuimos padres, nos cambió la vida. Comenzamos a tomar conciencia de cosas que antes no nos preocupaban: la barbaridad de coches que se pasan los pasos de cebra, la cantidad de ruidos que hay en la calle, las exigencias que se tienen con los niños, las mentiras que se les cuentan… y lo que se les lee antes de ir a dormir.

Un día rescatamos aquellos cuentos que en la memoria colectiva, esa que pocas veces cuestionamos, creíamos maravillosos. Y se los empezamos a leer a nuestra hija.

Casi sin darnos cuenta, le contábamos que la belleza es imprescindible en la vida, le decíamos que siempre tenía que esperar a que un hombre la rescatara, que debía ser sumisa y aceptar su destino. Le transmitíamos que no podía ser valiente, que el amor romántico la salvaría de cualquier desgracia y que debía llevar altos zapatos de tacón para gustar a los hombres. Le enseñábamos que a los niños se les abandona en el bosque, que debe obedecer siempre sin rechistar, que los lobos son malos y que debe temer a las brujas.

Al final nos saltábamos tantas partes, tapábamos tantas ilustraciones… que decidimos no leérselos más. Ella no entendía de arquetipos y enseñanzas insconscientes (ni falta que le hace). Ella solo veía que las princesas esperan y los príncipes deciden. Ella solo veía lobos devorando a abuelitas, bosques terroríficos y brujas que no eran sabias.

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A partir de estas reflexiones comenzó el proyecto Érase dos veces, en el que Pablo y Belén han revisado los cuentos clásicos:

Hemos respetado la magia de las historias, la fantasía y su atemporalidad. No hemos “modernizado” los cuentos clásicos, simplemente les hemos despojado del sexismo, la violencia y la desigualdad. Y nos han quedado divertidos, mágicos y mucho más coeducativos.

Así, Rapunzel ya no es una mujer que espera, espera y espera al príncipe rescatador de la dama en apuros.  La ratita presumida tiene muy claro con quién quiere vivir y qué espera de una relación igualitaria. La Cenicienta no irá al baile a enamorarse del príncipe, ni llevará zapatos de cristal, pero tonmará las riendas de su vida.

Una nueva visión que nos aleja de tantos clichés que no hacen más que mantener ideas absurdas sobre hombres, mujeres y las relaciones que se establecen entre ellos.

 

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